agosto 11, 2011

Pecado

Como cualquier sueño o ilusión protegidos por la noche, son sensibles a la luz del sol, desvaneciéndolos hasta su mínima esencia, perpetrando así la aparente indiferencia que tanto habías querido mantener. Tus manos recorrieron mi cuerpo sin cesar, sin darle importancia a la prohibida circunstancia en la que nos encontrábamos; rebasaste los límites de lo permitido y penetraste, por segundos, mi más íntimo deseo, sin dejar de devorarme, haciéndome rendir ante tus deseos y mis fantasías. Mi cuerpo nadaba en tus dedos, tus piernas aumentaban mis impulsos y el rincón de mi mente se volvió materia ante tu pasión incontrolada.


Domina mis curvas, somete mi mente y consume mi alma, que ante tu lujuria, mi cuerpo es el campo perfecto para perderte y despertar al día siguiente con una tranquilidad ansiada; tranquilidad que no obtendrás en otros brazos.


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